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Munir Hachemi: «Si hacer poesía no supusiera salirse de uno mismo nadie la haría»

El próximo lunes 25 de abril llegará a librerías los restos [enlazar a la ficha del libro], el primer libro de poemas de Munir Hachemi. Autor de tres novelas previas —la más reciente, Cosas vivas (Periférica, 2018)—, es uno de «25 mejores narradores en español» según la revista Granta, y los restos aborda la crueldad, lo roto y lo invisible —con una escritura fragmentaria, ácida— para limpiarnos la mirada y dinamitar el vacío de nuestras buenas intenciones. Le hemos planteado algunas cuestiones para acercarnos de forma más directa a su poemario.

 

¿Qué dirías de este libro a quien quiera acercarse a él?

—Que son los restos de algo, quizá de una lengua o de una forma de identidad. Al mismo tiempo, que toda lengua está hecha de restos y que quizá la poesía es sólo una puesta en práctica del lenguaje especialmente consciente de ese hecho.

¿Qué nuevos caminos puede —y debe— tomar la poesía social?

—Creo que me queda un poco grande esta pregunta, pero te respondería que hoy es casi imposible pensar en nuevos caminos y al mismo tiempo esos caminos son inevitables. Alguien de quien no podemos fiarnos citaba a Salomón: «toda novedad es una forma del olvido».

¿Cómo concibes lo personal, o lo íntimo, en tu escritura? ¿Qué papel juegan lo individual y lo colectivo en los restos?

—Precisamente los restos busca romper esa dicotomía, o mejor, poner de manifiesto que esa dicotomía está rota. Si hacer poesía no supusiera salirse de uno mismo nadie la haría, ¿no? En distintas tradiciones ese abandono habilita a la entrada de otras instancias: los dioses, la inspiración, el vacío. Para mí lo que entra es precisamente aquello que nos conforma, es decir nuestra exterioridad, nosotros. Es una forma un poco rebuscada de darle la vuelta a la famosa sentencia: “yo es otro”. Yo es ya una colectividad.

En los restos hablas constantemente del “cuerpo”. ¿Qué sentido le otorgas? ¿Se trata de un cuerpo físico o de un cuerpo social?

—Intento jugar con esa ambigüedad, pero en buena medida es un cuerpo físico y tiene que ver con mi experiencia individual con mi propio cuerpo, que siempre ha sido muy violenta. También es el cuerpo o corpus textual.

¿Afrontas de manera distinta la escritura de poesía y la de ficción? ¿Como se relacionan para ti ambos géneros?

—Radicalmente distinta. Decía alguien que la mejor poesía del siglo XX fue escrita en prosa. No sé si es verdad. Personalmente, para mí la narrativa es un trabajo mucho más estructurado que la poesía. El tiempo para la poesía es otro. Yo no soy capaz de obligarme a escribir, pero a la narrativa sé más o menos cómo invocarla. La poesía es distinta. He conseguido terminar este libro pero quizá no vuelva a terminar otro en diez o quince años o a lo mejor el mes que viene tengo uno nuevo, no sé.

¿Qué lecturas te han acompañado durante la escritura de los restos?

—Para empezar me acompañó el trabajo; buena parte de los poemas de los restos los escribí escamoteándole tiempo a un trabajo de oficina que tuve. Pero además el poemario se ha gestado a lo largo de años, los poemas iban apareciendo como gotitas, así que ninguna lectura concreta. Me gustaría mentirte que Poesía civil, de Sergio Raimondi, me acompañó. Lo que sí es cierto es que sin Erika Martínez, Olalla Castro y cierto colectivo de poetas de Granada (Andrés Neuman, Rosa Berbel, María Elena Higueruelo, Carlos Allende, Carlos Catena, Francisco Javier Calderón y Juan Domingo Aguilar) el libro sería mucho peor de lo que es hoy. Tuve la suerte de coincidir con todo ese inmenso talento en el espacio y en el tiempo y me nutrí de sus lecturas y sus consejos.

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