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almudena vidorreta


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almudena vidorreta


Cometo un crimen metafórico
y dejo que el papel empape la sangre.
La mejor manera de arreglar el mundo
es tomarme la justicia por mi mano
y hacer un poema punitivo
contra esta humanidad que tanto duele.
Quiero que mi justicia poética
les haga gritar en silencio.


Capaz de patentar este ridículo modo
de acercarme a tus principios de forma pueril
pienso en quién dormirá contigo.
Soy el animal más posesivo de la Tierra.
Vomito la inocencia en tu guarida de lobo
y siento por un momento que también es mía
para esconderme entre tus sábanas y pensar
“Tranquila, fiera, las hay más ridículas que tú”.
Pero no... no las hay tan niñas.


No se puede, no se debe poner fecha a los poemas.
Hoy lo he decidido, mamá, veinticuatro de octubre
de este dos mil cinco que se me echa encima cada día
y me hace el amor desaforadamente como el de antes,
sí, papá, el del poema de julio, el de las manos muertas...
No se puede poner fecha si vais a leerlo, pero ellas hace tiempo
que se meten dentro de mí para arrancarme la vida
y comérsela después como los indios devoran la carne cruda.
No se debe poner fecha a los poemas, mamá, si vas a descubrirlos.
Pero a veces se me olvidan los motivos, los detalles, papá,
y los días me recuerdan lo que escribo aunque te mueras de rabia;
porque a veces se me olvidan como aquel que olvidaba las veces
que ha dormido conmigo, o los días que ha dormido solo,
y no le importaba nada que no tuviera fecha en un poema.
Por eso, si lo habéis leído todo, es mejor no preguntar.

(De Tintación)


Soy la mirada indiscreta que repasa a tus padres,
la falda de la última amiga de la lista,
los rizos del poeta escarmentado,
las manos de quien más me importa.
Después me hago pasar por un vaso de cristal
y apenas sin darme cuenta
me hago añicos a seis por ocho.
Nadie en esa sala padece ni un mísero corte,
ni tan siquiera un rasguño
a pesar de golpearse contra mí, de pisarme...
No se dan cuenta, no sienten
y presumen de ganarse la vida con ello.
Soy la mirada indiscreta que apunta a tus padres;
los repaso con un ritmo acelerado
mientras, casi al mismo tiempo, soy un vaso de cristal.
Cuando deja de sonar la música
eres tú quien sangra mis heridas
porque estoy empeñada en mutilarme
revolcada en cristales viejos
y sólo una buena cola
puede reparar al vaso suicida...
esta vez a dos por cuatro.

(En bar sobia, número 2)










zaragoza, 1986. estudia filología hispánica. ha aparecido en la antología el viento dormido. nuevos prosistas en aragón (eclipsados, 2006), y su primera plaquette de poesía se llama tintación (eclipsados, 2006). ha colaborado en diversas publicaciones como eclipse, la revista literaria de la facultad de filosofía y letras que ahora codirige, ágora o bar sobia.

almudena_vt@hotmail.com


publicaciones con labellavarsovia
bar sobia, número 2