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jacobo r. sánchez


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jacobo r. sánchez

Acto I, escena 1

veinticuatro días hace que murió
pero hoy me aguarda adormecido,
sin derramarse por completo.

desde la cumbre puede explorar cualquier vida
unirse a la tierra, acudir al milagro
de contemplar a sus hijos reunidos
junto al caño de agua fría de la alberca.

las moscas devoran la matrícula del Renault,
dan cuerpo a una mancha fúnebre.
únicamente resisten los alfileres que abandonaron
mariposas disecadas en tu estómago.

los velos nocturnos dejan al descubierto la pureza
de las mujeres que lloran tras sus abanicos.

todas saben que han muerto los dos.

lo que más me afecta es la metralla que adornaba
las hermosas piernas
de este novísimo alma en promoción.

me atormentan demasiado las dimensiones de mis maletas.


Danger de mort

dejó de escucharse aquel grito puro
que probaba a retener una balada de ultramar.
dispersaban entonces las monedas sobre el piano
como las terceras cabezas del poeta en la guillotina.
sus trabajos ahora huelen a humareda,
sus órbitas nos sirven de maceteros.

la palabra, el verbo áspero del instante
vengó a los rebeldes y derramó
incontables despropósitos de enmienda.

antes de amar insinuó que tú y yo éramos accidente.

el sueño de mi señor no es mi señor
ni mi sueño.


Jaime ha vuelto

no consintieron que abandonáramos nuestros juegos
aquel día era el primero que cargaban conmigo
sus amigos mayores con pistolas de agua
ella dijo que estaría tranquilo en la cama de un hospital
tuvieron que mentirme o imaginar yo mismo una historia infantil
algo de una carrera tras un balón encajado en un coche
claro, que por aquel entonces no sabia qué era la muerte
aún lo desconozco, pero ahora tengo miedo
era el verano de 1989, yo nunca había apagado seis veces las velas
era feliz porque podía jugar con sus amigos
y por él -cuando estás enfermo la gente te hace regalos-
su hermano le compró la mejor pistola de agua del mundo
y algún detalle más con lo que alcanzó la paga del domingo
su hermano o el mío nunca llegó a tiempo
no consiguió darle lo que había envuelto en papel
rompió a llorar y jamás sé qué hizo con aquello
guardó silencio para siempre y rabió de dolor
cuando por fin se dio cuenta de que no podría
devolver la vida con graffiti de color verde
a alguien que nunca debió estar triste


La venganza de Entretiempo

las bombillas se rinden:
como unos ridículos mal amados, se vencen sin oponer resistencia.
paulatinamente se indispone sin distinción
la carne muerta en los mataderos.

otra vez las caricias y los ladridos
que apagan y fortalecen
los cuerpos no retornables.

cada vez que coloreamos, descuello
las inconfundibles defensas del dibujo,
corrijo sus perímetros con ceras negras.

si no pecamos de aprendices,
somos heridos de vida al arrojarnos a las vías
y torpemente me ajusticio sin dejarme marchar.

elegiré bien mis últimas faltas,
vigilaré a quién confío mis complementos.

elegid bien vosotros los lugares últimos
donde reposarán vuestros restos.
desechad vivamente, como ella,
la idea de vivir
para siempre en la estantería.










toledo, 1983. estudia filología francesa en ciudad real. lleva tiempo preparando un poemario que tiene como título provisional contratiempos. ha colaborado en la revista universitaria puntos suspendidos y en bar sobia.


espiarusosoy@hotmail.com


publicaciones con labellavarsovia
bar sobia, número 2