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Cristina Morano


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Cristina Morano


Señoras

Por las mañanas acostumbro
a pasar por la cafetería,
me tomo dos cafés -uno contra mi espalda-
entre las limpiadoras que se duermen
sobre su propio desayuno.
Al otro lado de la barra
conversan las señoras,
las dueñas de las tiendas de mi barrio;
se llaman por teléfono,
son admiradas por ejecutivos,
hacen planes para pintarse las uñas.
Sus ojos no contienen desamparo,
sus cerebros no se deshacen
enhebrando palabras, ni átomos, ni perlas.
Las sigo y compro el Marie Claire,
las imito, finjo que soy respetable
en la cola del supermercado.



Bésalo

Los que trabajan y aun así
no ganan para el desayuno.


Miguel Espinosa

B1


Ah, qué puro es todo aquí,
en la piscina municipal:
los pobres que nos asamos en las tumbonas,
los niños, los que leen a la sombra
de los plátanos y las chicharras;
qué puros nuestros músculos como la luz.
Y en medio de todos, ahí,
el azul del agua artificial,
bendiciendo la ciudad con su rastro de cloro
tan besable en nuestros cuerpos.
Besa mi espalda,
bésalo.

B2


Ah, qué puro es todo aquí,
en las afueras de la historia:
los pobres que nos cocemos en las oficinas,
las limpiadoras, los que venden en los semáforos
y los que comemos una vez al día;
qué puros nuestros delgados músculos como la luz.
Y en medio de todos, ahí,
la discoteca repleta de sudor,
bendiciendo la noche con su rastro de dinero salvaje
tan besable en nuestras mentes.
Besa mi culo,
bésalo.



Un vino inacabado

Y creo que la noche es una copa imperfecta,
un vino acabado.


Héctor Castilla

Dura poco la noche:
parte con un piafar de tren o fauces
como si pretendiera conmover al mundo,
cuando ya los animales
intuyen las primeras luces y cantan
acumulando partos, revelación y baile
a la espalda de lo oscuro.
Apenas queda tiempo
de apurar la copa del cansancio
o recibir la angustia como gato que vuelve
al territorio conocido.
Pocas veces la noche verdadera
se nos recuesta al lado y entrega su secreto:
cuerpo vivo y desnudo
que gire con nosotros en la cama,
haciendo coincidir
muerte, sueño, conciencia y alegría.














Madrid, 1967. Escritora y diseñadora gráfica, trabaja actualmente en la agencia “Tropa” de Murcia. Obtuvo el Premio José Hierro 2000 por La insolencia (Universidad Popular José Hierro, 2001). Sus poemas han sido recogidos en las antologías Tras la espesa corteza de los días, cien años de poesía en Murcia: 1900-1999 (ed. David Sandoval; Tres Fronteras, 2002), Cárcel de amor (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2005), Qué nos han hecho (ed. Lluis Pons Mora; Islavaria, 2008) y La manera de recogerse el pelo (ed. David González; Bartleby, 2010). Acaba de publicar el poemario El arte de agarrarse (La Bella Varsovia, 2010).


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publicaciones con La Bella Varsovia
Estar en las afueras también es estar dentro, Cristina Morano
El arte de agarrarse, Cristina Morano