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antonio gonzález montes


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antonio gonzález montes

uno

Calla, abril noche en que te miro,
deja de contar segundos-amantes-
puñaladas cortando sangre y su lento
fluir desvanecerse: inúndame, dame
la vida, crea en mí, con mi cuerpo,
con mi mente, con mis rotos labios
que te adoran; crea en mí algo nuevo
que te sea útil y sepa de cerca el
secreto fiel de tu existencia y su no
buscar palabras que me hieran (no,
no versos suficientes, no ojos
arrancándose para buscar refugio en
tus zapatos, no garganta inmunda
arañándose por dentro), calla, abril
noche en que te sigo y dulces
migajas y tu sonrisa esquinada con
su sombra y tu mirarme desde lejos
casi como sin querer verme aunque
te basta ser para saberme tuyo, y tu
cuello sin puntales que me apoya, y
tus blancas manos blancas
rehaciéndose (vedla, es la oscuridad
y su melancolía, su falta de memoria
y su siempre sucesión de rostros
viejos), calla, abril noche que me
mata, y déjame tan sólo seguir aquí,
desgajándome.



dos

Porque me sé capaz de apretar el
cuello hasta el fin del aire (dulce el
palpitar ajeno-acelerado de la sangre
rozando con mis manos, el lento
sentir la muerte aproximándose) sin
dejar de mirar fijamente esos ojos
que se salen, que buscan
desesperados una huida tan
improbable como definitiva (un
beso) mientras las rodillas van
derrumbándose gota a gota y la uñas
cansadas ya no buscan mi piel (se
rinden, bravos surcos palpitan en mi
cara demostrando que no todo es tan
fácil como se imagina) y ya tu
cuerpo es sólo mío y de lo negro,
triste cae como desmadejado y suena
un cráneo chocando con el estúpido
mármol rosa, crujir de huesos inútil,
recuerdo de dientes mordiendo la
oscuridad de un nombre abandonada.
Te miro casi arrepentido –la duda,
siempre con su inoportuno correr
escaso–, me doy la vuelta, te dejo –
esta vez para siempre– y arrastro
como puedo unos pies que de repente
parecen querer quedarse para
siempre atados a los tuyos.



tres

Un casi siglo, su lento caer
melancolías sobre rostros serenos, su
musitar entre labios que van poco a
poco gastándose y que ya no
recuerdan nombres ni besos ni
esclavos mordiscos bajo una escalera
cómplice (el amor pide lugar y la
guerra de dos cuerpos que se saben,
ven, sigue la huella que desgrana mi
camino, cuela para iluminar mi
noche con la tuya). Es de manos
temblando incapaces de hallar un
surco, es su impreciso dibujo
constante sobre esa mesa cansada de
ver pasar las vidas (la música, por
dios, la música, el estremecimiento
de un sudor ajeno cayendo de la
frente, su fresca invitación al
suicidio, su eterno esperar sentado).
La espera... la ventana manchada de
una bilis espesa para dibujar tu
huella, su absurdo esforzarse para
tanto, su voz no existente se eleva y
resuena trueno vacío en las nubes, es
un grito que apenas veo y me
atraviesa, su táctil consistencia en la
lengua, su ácido sabor regalándome,
su nombre, su sombra, su muerte.












nací un veintidós de marzo, allá por 1980. soy licenciado en economía y máster en comunicación y cultura (gestión cultural) por la universidad de málaga. en la actualidad vivo en san pedro de alcántara, donde trabajo como gestor de empresas en una asesoría, aunque mi casa sigue estando en mi pueblo de origen, montejaque, muy cerca de ronda. he sido finalista del premio de relatos del centro cultural blas de otero de san sebastián de los reyes (madrid), del certamen de poesía de la universidad de málaga y del premio málaga crea de literatura. colaboro como articulista y asesor lingüística con la revista mibiblioteca, editada por la fundación alonso quijano. aún no me explico cómo un economista puede dedicarse a escribir poesía.


antgm23@hotmail.com


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bar sobia, número 3