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javier esteban

LA PERSECUCIÓN

Un alborozado pelotón de niños vegetales corre junto al tren.

Ríen con risas secretas. Exhalan por conductos y orificios que no son bocas ni gargantas, el aliento nacido en las grandes raíces abombadas que encierran sus esqueletos de madera.

Madera vigorosa, madera latiendo bajo un millón de minúsculos tallos nudosos entrelazados de manera imposible hasta formar algo parecido a músculos.

Sus rasgos se les desdibujan entre ramitas, hojas verdes o ya amarillentas, flores.

Los pasajeros se asoman a las ventanillas. Manos enguantadas emergen desde la penumbra de los vagones como saludos, señalándoles. También el cañón de una escopeta.

El rugido del vapor atormentado sobre las vías anula el eco de los disparos.

Varios de los niños caen y quedan ahí, tendidos en la pradera hasta que lo verde devora las últimas esquirlas de pólvora y plomo.

El resto no deja ni de correr ni reír. Los rezagados tendrán que ayudarse los unos a los otros a ponerse de pie para reemprender la persecución.

Ninguno de ellos piensa en detenerse.

(De Siembra de tinta)


Debéis pensar que soy un lucifer
de pacotilla más que un anacrónico
agorero a irresoluble grima:
el frac que eché a perder en una timba
emana de obcecados sones lánguidos
de cítara y rabón pospuesto; así
mis glosas a esta tierra, y quedaréis
palpándome las pantorrillas, sanos
del señor; cuajó un otro momento
que os traeré al día de hoy, los cielos
no terminan de secar su azufre y criban
poco a poco moteadas, ralas trovas
como la parodia para el celo vuestro,
tunos arribistas, sanos del señor.

(En bar sobia, número 1)


PEQUEÑO GRAN HOMBRE

“Te invito a coincidir la muerte”, ríes,
Jerónimo azul con las duermevelas
y el tacto posible en pos de la arteria
carótida, tan célebre a fotograma vencido
hoy que esta carne que soy se parece
al rescoldo, al arbusto, al soldado que cae
del caballo y reclina su pálido cráneo
en la arcilla ensartada por balas y flechas
y cascos de pony terribles como
las leyes de las cacerías hopi
que en sortilegio pareces dispuesta
de nuevo a pactar –“para mí leguas van
de distancia, a pesar de este prístino
toque a retreta rumiándose”–
desde su ascensión contra un juicio
o casaca burlada, si dejas hacer.










madrid, 1978. es autor, junto a maría isabel rodríguez, jezabel rodrigo y felideus, de la colección de microrrelatos siembra de tinta (III premio de narrativa mago merlín; celya, 2006). ha participado en diversas publicaciones como qi, ariadna, parnaso, axxón, la plaza humana, bar sobia, los noveles, letralia, margen cero, artifex tercera época y la bolsa de pipas.

demotico@gmail.com
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bar sobia, número 1