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josé cano


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josé cano


La manera negra

“El agua de la ducha seguirá desbordando
los ríos de ese cuadro:
pido ser el primero en anotar el cambio
para así irme tranquilo
en el tren que va directo al naranja”.
Un joven extranjero me confió esto;
creyó, el pobre, que yo entendería algo,
no le contrarié: asentí, sonreí, tamborileé
con los dedos en la mesa, vasta
como fotografía terminada.

Tres cafés mas tarde, nos aburrimos; si bien
quedó claro que alguna carta se hundiría en el regazo de una mañana,
sí, de esas que siempre son “cualquiera”.

Voy en bici ahora,
supongo que llegaré a tiempo de cerrar grifos;
si no, pues mala suerte,
tampoco vamos a empezar a desconocernos.


Saint-Marc

Pues claro, por arenas rayadas
se pasean,
sin dejar de contar los pasos
que faltan hasta llegar
A un montículo sombreado,
en el que ultimar un plan
-de esta noche no pasa-:
señalizar con banderolas amarillas
toda ansia que no tenga porvenir.


Casi sin secarse

Edificio comido de hierbajos
menos
griterío de pubertad mal entendida
igual a
cielo indeciso
sobre una revista
que se decolora
a cada lectura
mía
por encima de tu hombro.


53

Ya he montado en autobuses vacíos,
como el de esta foto,
tomada al poco de saber
que tu tarde se había cerrado.
Me podrías haber escrito,
contarme que los balcones se escondían
entre películas italianas
e impulsos sin perfume;
optaste por lo que sigues haciendo
ahora: soplarme a los ojos.








nací en el barrio de ciudad jardín (córdoba) en 1974; recuerdos de la infancia guardo unos pocos, aunque el más nítido es el de observar desde mi terraza cómo manipulaban a los toros muertos tras la corrida –viví durante muchos años frente al matadero de la plaza-. en el cole me fue bien, en el instituto no. empecé a leer pronto, desde la 13 rue del percebe a las aventuras de sherlock holmes, pasando por ese horror que es el principito –pido disculpas a los que amen este libro-. la poesía entró un poco tarde en mi estantería, creo que fue un ejemplar de lorca que daba vueltas por casa; al granadino acompañaron un poco más tarde vates de todo tipo: románticos, cursis, experimentales, horteras, geniales, extraños... creo que caí en sus garras porque comprendí pronto que la poesía supone una liberación para el lector: no te exige que la entiendas así de primeras, sino que prefiere ser querida por lo que es, lo de entenderla no es esencial.

lepetitnicolas2002@yahoo.es


publicaciones con labellavarsovia
bar sobia, número 2